Dos estudiantes de la Escuela Superior de Creativos Publicitarios reciben una tarea: pensar en algún problema muy pequeño con una solución igual de chiquita. Después de pensar, pensar, y pensar, nos dimos cuenta que no se nos ocurría nada. Y fue ahí cuando se nos ocurrió que, a veces, a uno no se le ocurren las cosas. Dijimos "¿Y si creamos algo así como una página en donde vos pedís ayuda para un trabajo y todos te sugieren cosas? Casi como una comunidad en donde cada uno comparte sus ideas." Nos parecía una idea brillante, sin copyright, casi como un almacén de barrio en donde entras, pedís una idea, te la fían y te vas. Sin embargo, el pago no es en dinero. Es tan simple como un agradecimiento al final del día.
Con la idea ya cerrada, comenzamos por la página en Facebook. Nos pasó que, cuando quisimos hacer el logo, nos dimos cuenta de que quizás nuestra idea no era tan original como creíamos, aunque sabíamos que la estábamos aplicando de una manera diferente.
Una vez realizada la página y con amigos invitados, era nuestro turno de hacer que la cosa empiece a moverse. Pusimos un ejemplo para que sepan como funcionaba todo, y esperamos a que la gente empiece a colaborar y compartir sus ideas. Sin embargo... eso nunca sucedió. La gente no se animaba a comentar. Estabamos estancadas. Pensamos en distintas formas para sacarlo adelante pero nada de lo que se nos ocurrió funcionó.